lunes, 23 de enero de 2017

Lección de Ecología



En la fila del supermercado, el cajero le dice a una señora mayor que debería traer su propia bolsa, ya que las bolsas de plástico no son buenas para el medio ambiente.

La señora pide disculpas y explica: "Es que no había esta moda verde en mis tiempos."

El empleado le contestó: "Ese es ahora nuestro problema. Su generación no puso suficiente cuidado en conservar el medio ambiente."

Tiene razón, le dice la señora: nuestra generación no tenía esa moda verde en esos tiempos:

- En aquel entonces, las botellas de leche, las botellas de gaseosa y las de cerveza se devolvían a la tienda.

- La tienda las enviaba de nuevo a la fábrica para ser lavadas y
esterilizadas antes de llenarlas de nuevo, de manera que se podían usar las mismas botellas una y otra vez. Así, realmente las reciclaban.

- Subíamos las escaleras, porque no había escaleras mecánicas en cada comercio ni oficina.

- Íbamos andando a las tiendas en lugar de ir en coches de 300 caballos de potencia cada vez que necesitábamos recorrer 200 metros.

- Por entonces, lavábamos los pañales de los bebés porque no los había desechables.

- Secábamos la ropa en tendederos, no en secadoras que funcionan con 220 voltios. La energía solar y la eólica secaban verdaderamente nuestra ropa.

- Los chicos usaban la ropa de sus hermanos mayores, no siempre modelitos nuevos.

- Entonces teníamos una televisión, o radio, en casa, no un televisor en cada habitación.Y la TV tenía una pantallita del tamaño de un pañuelo, no una pantallota del tamaño de un estadio de futbol.

- En la cocina, molíamos y batíamos a mano, porque no había máquinas eléctricas que lo hiciesen por nosotros.

- Cuando empaquetábamos algo frágil para enviarlo por correo, usábamos periódicos arrugados para protegerlo, no cartones preformados o bolitas de plástico.

- En esos tiempos no arrancábamos un motor y quemábamos gasolina sólo para cortar el césped; usábamos una podadora que funcionaba a músculo.

- Hacíamos ejercicio trabajando, así que no necesitábamos ir a un gimnasio para correr sobre cintas mecánicas que funcionan con electricidad.

- Bebíamos del grifo cuando teníamos sed, en lugar de usar vasitos o botellas de plástico cada vez que teníamos que tomar agua.

- Recargábamos las estilográficas con tinta, en lugar de comprar una nueva y cambiábamos las cuchillas de afeitar en vez de tirar a la basura toda la maquina afeitadora sólo porque la hoja perdió su filo.

- En aquellos tiempos, la gente tomaba el tranvía o el autobús y los chicos iban en sus bicicletas a la escuela o andando, en lugar de usar a su mamá o papá como taxista las 24 horas.

- Teníamos un enchufe en cada habitación, no un regleta de enchufes para alimentar una docena de artefactos.

-Y no necesitábamos un aparato electrónico para recibir señales desde satélites situados a miles de kilómetros de distancia en el espacio para encontrar la pizzería más próxima.

- Así que no me parece lógico que la actual generación se queje continuamente de lo irresponsables que éramos los ahora viejos por no tener esta maravillosa moda verde en nuestros tiempos.

No dejes de enviarle esto a otra persona “mayor” que piense que ya está bien de recibir lecciones de ecología de cualquier canta-mañanas de hoy en día.

Alberto Revuelta

domingo, 22 de enero de 2017

Esperanza




José Antonio Hernández Guerrero
Todos conocemos a personas que se caracterizan por recordar preferentemente los hechos malos del pasado, por destacar los aspectos negativos del presente y por advertir los peligros del futuro. Son aquellos individuos dolientes y afligidos para quienes “todo tiempo pasado fue peor”, si no fuera porque el presente les parece todavía más horrible que el pasado y porque están convencidos de que caminamos veloz e irremisiblemente hacia el caos fatal y hacia la catástrofe más aniquiladora.
Cuando comentamos con ellos cualquier suceso, estos conciudadanos inconsolables nos recuerdan, sobre todo, las calamidades desoladoras, los rostros cínicos, las miradas crueles y las perversas acciones: la memoria, la razón y la imaginación constituyen para ellos unas temibles luces que alumbran a un mundo que es para ellos un sórdido museo de penalidades, un infierno de padecimientos y  un antro de vergonzosas perversidades.
En mi opinión, hemos de defendernos de estos “aguafiestas” para evitar que nos estropeen la función y nos amarguen la existencia. Sin caer en ingenuos optimismos,  hemos de buscar la fórmula eficaz para evitar que esta desolación pesimista nos contagie y tiña toda nuestra existencia con los colores lúgubres de sus lamentos pero, además, hemos de encontrar un acicate en el que agarrarnos y una clave que nos ayude a interpretar los signos de esperanza que lucen en medio de ese oscuro paisaje. Si las sombras y los nubarrones pueden servir para resaltar las luces y para aprovechar mejor los días soleados, la profundización en el dolor y en la miseria del mundo nos puede ayudar para que descubramos el germen vital que late en el fondo de la existencia humana. Si pretendemos evitar el desánimo, en el balance permanente de la crítica y, sobre todo, de la autocrítica, hemos de evaluar los otros datos positivos que compensan los malos tragos. Apoyándonos, por ejemplo, en la convicción de la dignidad y de la libertad del ser humano, en nuestra capacidad para mejorar las situaciones y para aprender, sobre todo de los errores, podemos  alentar esperanzas y elaborar proyectos de progreso permanente de cada uno de nosotros y de la sociedad a la que pertenecemos.
Reconociendo el declive que el individualismo contemporáneo ha introducido en las relaciones humanas, esta "ansiedad de perfección" nos permitirá compartir el sentido positivo de la vida, generar unos vínculos más estrechos entre los hombres y recuperar el diálogo con los demás y el reconocimiento del mundo que nos rodea. Sólo así mantendremos la posibilidad del amor y los gestos supremos de la vida. Si pretendemos que nuestras vidas no sean escenas sueltas –“hojas tenues, inciertas y livianas, arrastradas por el furioso y sin sentido viento del tiempo”-, hemos de buscar ese vínculo, ese hilo conductor, que las rehilvane  y que proporcione unidad, armonía y sentido a nuestros deseos y a nuestros  temores, a nuestras luchas y a nuestras derrotas.   
                 

El papa Francisco y el reto de la celebración del 750 aniversario de la fundación de la Diócesis de Cádiz


José Antonio Hernández Guerrero
La celebración del 750 aniversario de la restauración de la diócesis de Asido y de su traslado a Cádiz nos ofrece la oportunidad y la obligación de recuperar, de interpretar, de adaptar y de difundir un legado valioso y fértil que, en gran medida, es desconocido. Las conmemoraciones, como es sabido, nos proporcionan la ocasión de rescatar trozos de las experiencias vividas mediante el recuerdo, mediante la estimulante recuperación de tiempos pasados y de adelantar el porvenir recurriendo a la imaginación, a los sueños, a las expectativas y a las esperanzas. Es cierto que la cultura del olvido nos borra el sentido de nosotros mismos y el significado de nuestras acciones; destruye los fundamentos de nuestra historia y erosiona los cimientos de nuestra propia biografía, pero también es verdad que es imposible vivir el presente plenamente si no divisamos, aunque sea de una manera borrosa e imprecisa, el futuro, el significado de los episodios que están por venir.

No podemos permitir que el miedo al futuro nos amargue el presente porque la cultura es memoria, es proyecto pero, también, revolución permanente. Quizás podría servirnos de pauta el ejemplo de Francisco quien, con sus gestos sorprendentes, con sus actitudes amables y con sus palabras claras, nos enseña, más que a llamar la atención sobre sí mismo, a marcar las líneas maestras de una nueva cultura eclesial y a explicar las sendas por las que han de discurrir los cambios de hábitos de los creyentes cristianos. Con sus sencillas recomendaciones, formuladas con expresiones tan coloquiales como “salir a la calle”, “armar lío”, “no dejarse excluir” o “cuidar los extremos de la vida”, nos apremia a todos los miembros de la Iglesia para que nos “convirtamos” al Evangelio. De manera directa y explícita nos estimula a todos para que cambiemos las costumbres eclesiásticas, y para que copiemos el estilo evangélico partiendo del supuesto de que la crisis actual de fe obedece, más que a la fidelidad a los dogmas teológicos, a la incoherencia de nuestros comportamientos. Sus claros mensajes verbales y sus sencillos gestos constituyen unos convincentes signos de su nuevo estilo pastoral que alcanza su sentido si los ponemos en relación con las palabras y con los gestos de Jesús de Nazaret. El Papa ha querido dar de sí la imagen que corresponde al modelo de sacerdote como “buen pastor”, como servidor que no sólo va al encuentro de su “grey” sino que se mezcla con las gentes hasta llegar a irradiar, más que el “olor de santidad” o la “fragancia de incienso”, el “tufo, natural y saludable, de las ovejas”. Éste es, según Francisco, el aroma que ha de desprender el que, en vez de estar encerrado en los lujosos y artísticos apartamentos, habita en los espacios, a veces sombríos, de los hospitales, de las residencias de ancianos o de los colegios de niños pequeños.

sábado, 21 de enero de 2017

DERECHOS Y OBLIGACIONES DE LA TERCERA EDAD



DERECHOS

-A no hacer nada
-A participar libre y voluntariamente en cualquier actividad y a dejarla sin dar explicación alguna.
-A utilizar la medicina, el ejercicio físico o la comida según el propio criterio o siguiendo el de un especialista de confianza.
-A vivir la vida sin injerencias no deseadas.
-A la independencia económica, emocional, religiosa o política.
-A no tener metas que cumplir como a edades más tempranas.
-A que no esperen comportamientos como cuando hubo responsabilidades.
-A estar o hacerse un poco “el loco” con relación al entorno o la sociedad.
-A elegir como y donde pasar esos años, sean pocos o muchos.
-A no necesitar seguir trabajando para subsistir.
-A querer y se querido
-A vivir     
                                          
OBLIGACIONES

-Ninguna ya se tuvieron con anterioridad.
-A no dar quehacer a nadie con actitudes, achaques, salud… salvo causa mayor.
-A vivir intensamente, nunca rápidamente o atropelladamente ni con stress (último de-
 recho).
-No hay más porque sería un agobio en esa edad tener el mismo número de derechos que obligaciones.


Posiblemente algunos epígrafes se me habrán “escapado”, sobran o tienen otro orden en nuestra escala de valores. Sería un buen ejercicio completarlos, borrarlos o cambiar su lugar.

Andrés Baquero

miércoles, 18 de enero de 2017

SOLO UN PASO

 

Mi admirado y excelente articulista escribe: ‘No sé como los cuidadores de la lengua española no nos han advertido del riesgo que estamos corriendo: llegar a hacer de nuestro idioma una degeneración ininteligible.’ Y añade: ¿Qué idioma es éste? Pues, para mi, la última consecuencia de la fragmentación lingüística imbécil del español: del Politiqués pasamos al Tertulianés, del Tertulianés al Idiotés y ahora hemos roto a hablar en Gilipollés (…) Que al paso que vamos, está dando origen a otra variante dialectal del español: el Carajotés.’
El mismo excelente articulista está tratando de publicar un Dicciionario Idiotés- Español y espera que sus lectores le manden palabras de ese ‘idiotidioma’.
No es fácil que haya podido recibir una carta enviada al Diario en la que remito ‘Dos perlas de idiotés’  producidas por sendas ostras bivalvas municipales y halladas en bancos y caladeros perlíferos en los arrecifes cercanos del Palillero y Sanjuandedió:
-‘inserción laboral y búsqueda de empleo mediante estimulación del clítoris y estudio del rol de la mujer en una sociedad machista que obstaculiza el empoderamiento por discriminación de género’.
-‘primera fase del proyecto ‘de colores’ de sensibilización, verbalización y visibilización en torno a la diversidad afectivo-sexual y de géneros’.
Lo que sí es fácil que le haya podido llegar es el artículo de don José María González Santos publicado, a toda página, en el Diario del domingo 15 de Enero.
Y también el comentario que –en nuestro blog ‘Compañía 19’- firma el profesor Juan de la Fuente acerca de lo que el alcalde titula ‘La habitación del ruido’ (al más puro estilo de Edgar Allan Poe) y que desarrolla en perfecto politiqués….
Comenta Juan de la Fuente: "Se atribuye a Napoleón la frase ‘De lo sublime a lo ridículo solo hay un paso". Pues el edil gaditano lo ha dado al escribir:
-‘vamos a implementar el programa de alquiler justo’
-‘vamos a garantizar suministros hídricos vitales’
-‘nosotras y nosotros vamos a buscar en los barrios la sinfonía politonal’…
Bueno, Bueno. (Como en la chirigota de Los Borrachos:¡Ahí llevas razón!..
Que ya se acerca el Carnaval. Y “gaditanas y gaditanos” vamos a buscar –y encontrar- en los barrios y calles, en las callejeras e ilegales, la ‘sinfonía politonal’  der mejón punta der carnavá…
¡Que bonito, hijo!
¡Què bonito está mi Kichi cuando llega er Carnavá!
¡Ole, ole y ole! ¡Y ar que no diga ole que se le seque la yerbabuena!


                                                                                                       Luis J. Suárez Alvarez

martes, 17 de enero de 2017

LA CLARIDAD DEL ESTILO


He recopilado unas advertencias y ejemplos sobre esta cualidad indispensable del estilo, por una razón que más adelante diré.
Ya Horacio en el Ars poética (v. 27) nos previene sobre la hinchazón y el engolamiento en que, por el afán de lucimiento, puede caer el poeta con perjuicio de la claridad y la comprensión de su mensaje. Y para este propósito le bastaron tres palabras: professus grandia turget: buscando lo sublime, cae en la ampulosidad.
Gonzalo de Berceo en la Vida de santo Domingo de Silos, desde el mismo inicio hace profesión de claridad y llaneza de estilo:

Quiero fer una prosa en romanz paladino
En cual suele el pueblo fablar con so vecino,
Ca non só tan letrado por fer otro latino,
Bien vendrá, como creo, un vaso de bon vino.

Esa misma intención le mueve en el Martyrio de sant Laurençio:

En el nomne glorioso del Rey omnipotent
Que façe sol e luna naçer en orient
Quiero fer la pasion del sennor sant Laurent
En romanz que la pueda saber toda la gent.

Don Pedro Muñoz Seca en La venganza de don Mendo, pone en boca del protagonista, desde la oscuridad de la cárcel, estas palabras dirigidas al Marqués de Moncada:

Siempre fuisteis enigmático
Y  epigrámatico y ático
Y gramático y simbólico
Y, aunque os escucho flemático,
Sabed que a mí lo hiperbólico
No me resulta simpático.
Habladme claro, Marqués,
Que en esta cárcel sombría
Cualquier claridad de día,
Consuelo y alivio es.

En un nivel más magistral y de mayor seriedad aconseja Ortega y Gasset a filósofos y científicos:

“Siempre he creído que la claridad es la cortesía del filósofo… Pienso que el filósofo tiene que extremar para sí propio el rigor metódico, cuando investiga y persigue sus verdades, pero que al emitirlas y enunciarlas debe huir del cínico uso con que algunos hombres de ciencia se complacen en ostentar ante el público los bíceps de su tecnicismo

El Manual de estilo de RTVE se dirige a los profesionales del medio con estas palabras:
“La claridad del mensaje se consigue únicamente empleando un lenguaje que sea comprensible para todos, sin distinción de niveles de formación y culturales”.

Y no tengo la mínima duda de que a vuestras mientes ha acudido la norma del Ars dicendi que nos servía de texto en el Seminario y familiarmente conocíamos como el Kleutgen.
Perspicuus autem sermo est, qui ab iis, ad quos loquimur, plene, accurate, et facile intelligitur. Quapropter non ídem sermo apud omnes eadem in re planus aut obscurus est”
Y a Napoleón Bonaparte se le atribuye este aforismo:
“De lo sublime a lo ridículo hay un solo paso”.

Y este paso es el que ha dado nuestro alcalde en el artículo publicado en el Diario de Cádiz el  domingo, día 15 de enero, bajo el misterioso título, digno de Edgar Allan  Poe, La habitación del ruido.
Juzguen si son un prodigio de claridad, sencillez, adaptación a todos los niveles del lector y de los principales destinatarios que son los habitantes de la culta ciudad de Cádiz, estos dos fragmentos procedentes de esa habitación tan ruidosa de que habla:
“…seguiremos en la garantía de suministros hídricos vitales…”
“Nosotras y nosotros vamos a buscar en los barrios la sinfonía politonal de las críticas, las propuestas y la participación a puerta abierta”.

No hay necesidad de resaltar las expresiones más cursis y pretenciosas.

¿Estáis de acuerdo conmigo, Horacio, Berceo, Muñoz seca, Ortega y Gasset, Kleutgen, Napoleón, y profesionales de TVE?
Juan de la Fuente

domingo, 15 de enero de 2017

Dos niños y uno de cría

Miercoles 11 en el cuartito de la parroquia de las 3000 donde funciona la abogacía de desechos humanos ( Bauman dixit). Tengo al otro lado de la mesa de fornica, que decía la gente del Cerro del Moro en el devónico, a dos mujeres marroquíes, madres de pañolón cubriéndoles el cabello, como las de La Unión a las que recuerdo de niño.

Ambas tienen uno de sus hijos en hospitales de la ciudad en tratamiento de cáncer: uno de riñón al que le quedan semanas de vida en este mundo, la otra de huesos. A una , que malamente habla un español del barrio ceutí de Jadur, llevo  tiempo atendiéndola. La otra viene traída por ella.

A primeros de noviembre fue a la Delegación del Gobierno donde está la oficina de extranjeros para solicitar que a su segunda hija de cuatro meses le dieran el permiso de residencia no lucrativa. Le dieron el impreso y lo presentó en el registro de allí mismo. Me lleva el comprobante sellado.

A los poco días la niña y a su nombre recibe una resolución con firmas, sellos, números de expedientes y demás ringorrangos burocráticos denegándole lo solicitado "por no haberlo pedido personalmente en la oficina de extranjeros". Cuatro meses tiene la destinataria del oficio.

Balzac se inventó un neologismo para estos casos en los que las instituciones públicas "administracionalizan" a las personas. La niña de cuatro meses ha sido administracionalizada debidamente y su expediente archivado. Puede recurrir al juzgado contencioso administrativo cuya jurisdicción creo Fernando VII.

La niña administrada está administracionalizada; la administración que la desadministralice, buena administración será.  

Hablamos, en un lenguaje tridimensional, "disiecti membra poetae", las dos madres y un servidor de las enfermedades, del mal en los niños, de la muerte, de que Alá hace siempre lo que quiere (ay!, la teodicea salmantina del voluntatem Dei semper  impleri)  porque es el dueño de vidas y haciendas y de que (recuerdo a Jung en silencio) está vida es solo un fragmento de la existencia.

Vamos a recurrir la resolución, claro, pero esta fría mañana de enero en las 3000, eso es lo de menos.  

La lectura evangélica de hoy ha traído de la mano a la suegra de Pedro y aquí ha encontrado hueco para echar un ratito con estas musulmanas que creen casi lo mismo que ella. Allahu akbar!!!

Alberto Revuelta

Los discretos




                                                 
En nuestra opinión, la prueba más contundente y la expresión más clara de la sabiduría humana es la difícil virtud de la discreción –no el secretismo- que consiste, fundamentalmente, en la capacidad de administrar las ideas, de gobernar las emociones y, más concretamente, en la habilidad para distribuir oportunamente las palabras y los silencios. Es discreto, no el taciturno, sino el que dice todo y sólo lo que debe decir en una situación determinada; es el que interviene cuándo y cómo lo exige el guión.
La discreción es, por lo tanto, una destreza que pertenece a la economía en el sentido más amplio de esta palabra, es una habilidad que, además de prudencia, cautela,  sensatez, reserva y cordura, exige un elevado dominio de los resortes emotivos para intervenir en el momento justo, un tino preciso para acertar en el lugar adecuado y un pulso seguro para calcular la medida exacta, sin escatimar los esfuerzos y sin desperdiciar las energías.
La indiscreción, por el contrario, puede ser la señal de torpeza, de ignorancia o de desequilibrio, y pone de manifiesto la incapacidad para gobernar la propia vida y, por supuesto, para intervenir de manera eficaz en la sociedad. Supone siempre un peligro que, a veces, puede ser grave y mortal. El indiscreto corre los mismos riesgos que el chófer  que conduce un automóvil que carece de frenos y de espejo retrovisor.
La indiscreción se manifiesta por tres síntomas que constituyen serias amenazas que ponen en peligro la integridad personal y la armonía social. El primero es la locuacidad o verborrea: esa diarrea o incontinencia verbal y esa falta de control y de moderación para expresar todo lo que se piensa o se siente sin tener en cuenta las consecuencias de sus palabras ni la sensibilidad de los que las escuchan. Los lenguaraces cuentan todo lo que saben y, a veces, lo que no saben, y se defienden diciendo que son francos, claros, valientes, sinceros y espontáneos.
El segundo es la carencia de intimidad y la falta de pudor para hablar de sí mismos. Fíjense cómo, cuando tratan de cualquier tema, sólo se refieren a ellos. Son exageradamente subjetivos: el fútbol o los toros, la política o la religión, el flamenco o la música clásica, constituyen meros pretextos para relatar sus hazañas. Y el tercero es el tono de amarga queja con el que hablan o escriben. Sus críticas son tristes lamentaciones, agrias murmuraciones, exasperados gemidos o huraños sollozos.

Recordemos cómo el jesuita aragonés Baltasar Gracián (1601-1658), considerado como  la encarnación del intelectual puro, en su tratado moral publicado en 1645, en el que nos propone el paradigma de la perfección humanista y humana, describe al “discreto” como el hombre ideal, como el artista de la vida, como el genio que, dotado de nativa nobleza, de ingenio y de equilibrio de virtudes intelectuales y prácticas, es seguro de sí y dueño de sus propias acciones; conoce sus cualidades y, sobre todos, sus límites.

viernes, 13 de enero de 2017

Unidad y pluralidad

La conmemoración del 750 aniversario de la creación de la Diócesis de Cádiz: una oportunidad para que vivamos la unidad en la pluralidad
                                                      José Antonio Hernández Guerrero
En mi opinión, el conocimiento de los episodios más relevantes de la historia de la Diócesis de Cádiz y el recuerdo de los comportamientos de sus personajes más acreditados podría -debería- ser una estimulante invitación para que recuperemos nuestras señas de identidad y una alentadora llamada para que actualicemos sus mensajes más característicos. Si repasamos con atención el dilatado y diverso itinerario recorrido durante estos 750 años, es posible que –como afirma el Obispo- experimentemos un intenso deseo de renovación eclesial y que nos decidamos a abrir unos cauces nuevos de comunicación y a establecer unos fuertes vínculos de conexión fraterna. La contemplación de la diversidad de modelos de obispos, de sacerdotes, de religiosos y de fieles que, a lo largo de las diferentes y convergentes veredas, han encarnado los mensajes evangélicos en esta Diócesis debería constituir unas explícitas invitaciones para que, aceptando la variedad de opciones y de “carismas”, vivamos la unidad en la pluralidad.
La elaboración de proyectos ilusionantes dependerá, en gran medida, del acierto con el que descubramos que esos ejemplos nos proporcionan unas respuestas válidas para los problemas actuales, pero siempre que emprendamos un proceso de acercamiento mutuo, de diálogo fluido, de conversación sincera y de comunicación abierta, tras aceptar que, en los trabajos de evangelización, nadie sobra sino que es necesario que todos trabajemos intensamente ampliando nuestra capacidad para crear la cultura del encuentro, de la convivencia y de la colaboración.

El recuerdo de tiempos pasados nos hace renacer sólo cuando genera unos propósitos transformadores, cuando nos sirve para elaborar  proyectos de una vida personal más plena y para contribuir en la formación de una sociedad más armoniosa. De esta manera seremos capaces de interpretar correctamente los acontecimientos actuales, de proporcionar seguridad en nuestros vacilantes pasos y de descubrir el significado de las  experiencias nuevas. En mi opinión, la celebración de esta efeméride nos debería servir para leer -con atención, con libertad y con coherencia- el Evangelio huyendo tanto de la blandura condescendiente como de la intolerante rigidez, y para practicar, con una fidelidad original, el amor, ese impulsor central de la vida personal y esa fuente nutricia de la supervivencia colectiva. En estrecha relación de comunión afectiva y efectiva con las personas de la Iglesia real y oficial, evitando las evasiones y los narcisismos encubiertos y sin caer en la tentación de formar grupúsculos cerrados en vez de miembros de una Iglesia de Jesucristo abierta, plural y unida. De esta manera podremos repasar y repensar nuestra existencia examinando las sustancias nutritivas, prestando atención al camino recorrido y contemplándolo con alegría, con esperanza y con gratitud. Es posible que así nos animemos mutuamente para desarrollar una vida cristiana más viva, más entusiasta y más adaptada a las condiciones de los tiempos nuevos.  

lunes, 9 de enero de 2017

Cumplir años




José Antonio Hernández Guerrero
En contra de lo que piensan algunos mortales, me atrevo a opinar que el tiempo por sí solo, desgraciadamente, no resuelve los problemas, no cura las enfermedades, no proporciona conocimientos, no desarrolla las facultades, no confiere sabiduría, no otorga dignidad  ni siquiera madura a las personas. Un objeto que no está adornado de otros valores que el tiempo de existencia o un ser humano que sólo posee mucha edad son, simplemente, viejos.
Pero también es cierto que la ciencia y la historia nos han habituado a medir la importancia de los objetos y a calibrar el valor de los acontecimientos por su dimensión temporal: el cosmos se describe por la distancia que separa a las estrellas de nosotros, el átomo por sus inaprehensibles oscilaciones, los acontecimientos sociales por su antigüedad y la vida humana por su edad. La existencia y la vida están configuradas, efectivamente, por el tiempo, pero no son sólo ni principalmente tiempo
El tiempo, la antigüedad y la edad, sin embargo, son simples continentes: frágiles vasijas de diferentes dimensiones y de distintas formas que han de ser colmadas con experiencias vitales; cofres decorados destinados a albergar tesoros; cauces abiertos por los que han de discurrir las corrientes de energías; hilos conductores de la savia vital; pero todos ellos pueden encerrar también inútil basura o inservibles desperdicios e, incluso, pueden estar simplemente vacíos.

Para que el tiempo sea vida, ha de poseer sentido y hemos de reconocer que lo único que de verdad proporciona sentido humano es el amor; la mera suma de años o la simple acumulación de bienes no aumenta la estatura humana, de igual manera que la simple ingestión de alimentos no asimilados no hace crecer ni fortalece el cuerpo. Sólo la comunicación y la entrega a alguien ensancha, ahonda y eleva la vida humana. Cualquier vino no se hace más rico con el tiempo.