jueves, 29 de septiembre de 2016



Menos mal que esta vez hay un porquero en la granja.


111 años atrás

Un 28 de septiembre, el de 1905, la revista Annalen der Physik, publicó un artículo de un joven físico de 26 años que aún no se había doctorado. 
Trataba de la teoría de la relatividad. Daba a conocer la ecuación que ha pasado a la posteridad E=mc2. 
Un seísmo en el mundo científico. 

A propósito de sus descubrimiento afirmó que " el Señor es sutil, pero no malicioso".


BODAS DE ORO SACERDOTALES de MANOLO GAITERO (1966-2016)


José Antonio Hernández Guerrero
Al celebrar el cincuenta aniversario de la ordenación sacerdotal de Manolo Gaitero, no tengo más remedio que referirme a la manera de hablar, sin pelos en la lengua, del Papa Francisco. Este sacerdote bueno, sencillo, valiente y coherente, desde que inició su ministerio, también se atrevió a afirmar que "la caridad que deja al pobre como está, no es suficiente", y que los creyentes tenían la obligación de exigir "justicia" y de encontrar el modo de que los pobres dejaran de serlo.
¿Recuerdan cómo, en sus homilías, levantaba el dedo acusador contra las instituciones políticas y contra la propia Iglesia a fin de que, como ahora afirma Francisco “nadie tenga necesidad de recurrir a un comedor de caridad, a un alojamiento por suerte, a un servicio de asistencia legal para ver reconocido su propio derecho a trabajar, a ser plenamente persona".
La autoridad de las denuncias de Manolo Gaitero siempre se ha apoyado en la coherencia con la que siempre evitó la tentación de caer en la “mundanidad espiritual” y se mantuvo próximo a los pobres, a los trabajadores y a los marginados. Durante estos cincuenta años y en los diferentes ministerios, evitó el permanente peligro de separar la fe de la vida despojándose del espíritu profético y reduciendo las tareas pastorales al ámbito físico de los templos. Por eso agudizó la mirada crítica y el discernimiento autocrítico.
Manolo Gaitero ha mostrado con sus comportamientos que, de la misma manera que no se puede ser bombero sin acercarse al fuego, médico sin acercarse a los enfermos ni profesor sin acercarse a los alumnos, no pueden llamarse cristianos quienes no se aproximan a los que sufren como consecuencia de las injustas desigualdades. Éste es el único criterio claro que, según Jesús de Nazaret, se aplica para definir la justicia y para premiar a los justos o, en otras palabras, para medir la fe y para reconocer a los cristianos aunque ni ellos mismos sepan que lo son: “Venid, benditos de mi Padre, recibid la herencia del reino preparado para vosotros desde el comienzo del mundo”

porque tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber; era emigrante y me acogisteis; estaba desnudo y me vestisteis; enfermo y me visitasteis; en la cárcel y vinisteis a verme. Entonces los justos le responderán: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te dimos de comer, o sediento y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos emigrante, y te acogimos; o desnudo y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte? Y el rey les dirá: en verdad os digo que cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis (Mateo, 25, 36-40).

martes, 27 de septiembre de 2016

lunes, 26 de septiembre de 2016

LO BELLO ES DIFÍCIL


Resultado de imagen de don quijote después de ser amado caballero


Este título no es de mi propia cosecha. Jamás se me habría ocurrido ponerlo como encabezamiento de cualquier escrito relacionado con un tema que rozara mínimamente el arte. Entre otras cosas, porque me obligaría a abismarme en el concepto de la belleza, lo que me desviaría hacía una diversidad de culturas y de épocas con la consecuente irisación de este complejo concepto.
Aparece aquí por ser una de las muchas traducciones que admite la frase griega: χαλεπὰ τὰ καλά: las cosas hermosas son difíciles. ¿Qué estudiante de griego no recuerda, en sus primeros pasos por esta asignatura, esta frase propuesta como ejemplo de oraciones copulativas sin verbo expreso? En ellas la palabra precedida de artículo funciona como sujeto y la que aparece sola es el predicado. Así, τὰ, artículo neutro plural, precede al adjetivo καλά, y lo  sustantiva, “lo bello, la belleza”, y el adjetivo  χαλεπὰ funciona como predicado.
Pero la verdadera dificultad de esta inocente frase muestra su cara cuando indagamos su auténtico sentido. ¿De qué belleza hablamos? ¿De la que se encuentra en la naturaleza, un paisaje, una arboleda, una puesta de sol? ¿De la que produce el pintor, el arquitecto, el poeta?
¿De aquella en que pensaban los griegos cuando designaban al miembro de la clase dominante como ὁ καλὸς κὰγαθός, “el  bello y bueno” cualidades inherentes al “noble, honrado, persona de bien, aristócrata?
Si entre las múltiples definiciones de lo bello nos quedamos con la que lo reduce a “lo que agrada a la vista, al oído o al espíritu”, hemos trasladado la dificultad desde la “belleza” al “agrado”. Esta es la que tiene algún parecido con la que Horacio adjudica a la poesía y por extensión a la literatura. Para él el destino natural de un poema es deleitar el espíritu del lector u oyente:
Sic animis natum inventumque poema iuvandis (377)
Así, el poema nacido e inventado para alegrar el espíritu
Pero el agrado intelectual o emotivo, el único que excluye al que proporcionan los sentidos, se nutre de elementos que están al alcance de pocas personas. E incluso en ellas sufre cambios a medida que transcurre el tiempo y se enriquece la experiencia del lector.
Estamos celebrando el cuarto centenario de la muerte de Cervantes. Me parece oportuno experimentar con el comentario de alguna frase del Quijote esa alegría o placer que debe producir un texto literario que se precie. Sea el siguiente fragmento perteneciente al inicio del capítulo IV:
“La del alba sería cuando Don Quijote salió de la venta tan contento, tan gallardo, tan alborozado de verse ya armado caballero, que el gozo le reventaba por las cinchas del caballo”
No soy capaz de contar las veces que la habré rumiado, y la habré repetido para mí mismo o delante de otros alardeando de memoria o de erudición. Pero desgraciadamente nunca he reflexionado sobre su sentido. Y sin comerlo ni beberlo, en un comentario sobre un pasaje de Horacio, se me presenta la ocasión de extraer de su entraña todo el jugo que esté en mi mano.
No tiene ningún mérito haberla memorizado. Es una frase pegadiza. Tiene esa triple anáfora con aliteración que semeja el trotecillo del pobre rocín del hidalgo, la elipse tan peculiar que enlaza el final de un capítulo con el siguiente y la hipérbole de la alegría desbordante. Y aquí está la cruel ironía.
Es la hora del alba, pues este loco manchego se ha empeñado en librar la república de “todo género de agravio” y “enderezar muchos tuertos” y  debe darse “priesa a poner en efecto lo que deseaba”.
Antes lo habría empezado pero se ha detenido en un castillo que se topó en su camino y allí le recibió a toque de trompeta un enano, pues tal era y no un “porquero que andaba recogiendo de unos rastrojos una manada de puercos”. Allí doncellas hermosísimas y princesas de elevado rango, que no mozas “del partido, traviesas y traídas y llevadas”, le cuidaron a él y a su alazán.
Apenas había dormido, pues había pasado más de cuatro horas la noche anterior velando armas en el patio del alcázar hasta que el castellano le armó caballero siguiendo al pie de la letra el ritual recogido en un ceremonial de dorados cantos, que al ventero le pareció ser “un libro en que asentaba la paja y cebada que daba a los harrieros”.
Ahora marcha orgulloso con su celada recompuesta mediante cartones y alambres y sus armas del tiempo de sus bisabuelos a cumplir su promesa de “irse por todo el mundo con sus armas y caballo”.
¿Qué sentimientos puede arrancar de mí este pobre iluso que con tan buenas intenciones se lanza a tamaña aventura con unos medios tan desproporcionados, él solo, sin dineros, sin influencias, sin esa apariencia externa que ante un mundo pervertido por el dinero, el poder y la soberbia es más valiosa que la virtud, la honradez y la justicia?
Pensándolo bien, solo me produce pena. En primer lugar de mí mismo. En este momento reconozco que, al abordar esta tarea de comentar a un poeta de tal calibre como Horacio, me encuentro desprovisto de medios para llevarlo a cabo como se merece.
Pero también pienso en mi patria. Veo algunos quijotes que, sin el desprendimiento del que creó Cervantes, se lanzan a empresas para las que carecen de experiencia, conocimientos ni formación  para salir airosos.
Y por eso el símbolo literario me ofrece la ocasión de vomitar ese dolor. Hace el efecto de catarsis, al purificarme de ilusiones imposibles de realizar y limpiar de telarañas mi inteligencia para juzgar a los demás y desconfiar de salvadores inconscientes.
He aquí cómo, por encima de enlaces elípticos, anáforas triples de adjetivos en ascensión semántica, hipérboles e ironías, está esa nube de tristeza que embarga a todo ser humano que se ve impotente para remediar el mal que le rodea.
Y, a pesar de todo, esa catarsis y purificación interior supone un alivio para el espíritu y el receptor se siente satisfecho y agradecido al autor de esas palabras bienhechoras. Hasta puede obtener cierta alegría y goce tan solo por el hecho de sentir que la máquina del pensamiento empieza a moverse por sí misma despojada de esa inercia, atasco y oxidación, productos de una larga dependencia de ideas prestadas.
Después de esta digresión, ¿qué relación tiene con Horacio esa dificultad de la belleza? Porque al no poder ser mediocre el poema, no puede ser fruto de la espontaneidad. Lo que demuestra con algunos ejemplos.
No hay deporte que no requiera un duro entrenamiento:
Ludere qui nescit, campestribus abstinet armis,
Indoctusque pilae discive trochive quiescit,
Ne spissae risum tollant impune coronae
El que no sabe jugar se abstiene de las armas del Campo de Marte,
Y el ignorante de la pelota, del disco o del juego del aro se mantiene quieto,
No sea que el numeroso corro prorrumpa en risas impunemente.
Pero el que se las da de poeta, cree que puede hacer versos sin saber ni pizca de versificación:
Qui nescit versus tamen audet fingere? Quidni?
Sin embargo, el que no sabe de versos ¿se atreve a hacerlos? ¿Por qué no?
¿Qué impedimento hay para que no pueda hacer versos? Su posición social y nivel económico le permiten toda clase de lujos y de privilegios.
Liber et ingenuus, praesertim census equestrem
Summam nummorum vitioque remotus ab omni.
Es libre y de buena familia y, sobre todo, inscrito en el censo
Con el capital de los caballeros y  exento de toda tacha.
Con inteligente ironía, sin mostrarse hiriente (¡cuántos conocidos suyos no podrían encuadrarse en esta categoría!) da un repaso a los holgazanes y presuntuosos.
En resumen, sin preparación no hay que lanzarse a emprender aventuras quijotescas.
Tu nihil invita dices faciesve Minerva
Tú no dirás ni harás nada contra la voluntad de Minerva
Aquí tenemos una de las sentencias famosas de Horacio: no te metas en camisa de once varas.

No hagas nada sin saber. Minerva es la diosa correspondiente a la Atenea griega. Como surgió de la cabeza de Júpiter o Zeus, se tiene como la diosa de la sabiduría, pues se da por supuesto que de la cabeza sale la sabiduría. De todas formas, la lección es más que clara: para ser poeta o escritor hay que saber. Es el momento de tentarme la ropa. Hasta una próxima entrega.

PUROS O PIPAS




Hace unas fechas pude leer –en un periódico de alcance nacional- un magnífico artículo titulado “Deberes y vida familiar”. En el que, entre otras cosas, se decía que “en toda obsesión igualitaria descubrimos siempre, disfrazado con pomposos oropeles, el pecado de la envidia que, como nos recordaba Unamuno, la democracia ha convertido en `virtud cívica´(…)”
Dos días antes, había visto, en este DIARIO, cómo un señor desde su asiento de “Tribuna”, y a doble página, nos contaba “contrariado” sus cuitas y problemas personales por no sé qué multas, y su pago o impago. Y sobre todo los “hechos sancionados” un día en que “estaba sentado con su familia en el Fondo Sur”. Donde ocupaba su lugar en las gradas “llenas de decenas de miles de corazones cadistas que latían con la esperanza a flor de piel”. (¡ ¿)…
Y sus dilemas y sus “alternativas”: “mirar para otro lado, seguir comiendo pipas” o “irse al palco a fumar puros”
Y hasta sus manías persecutorias y sus victimismos. “Nos odian” pero “a mí ustedes no me dan ningún miedo”…
Ya sé que todas las comparaciones son odiosas. Y que no debo hacerlas entre ambos escritos periodísticos. Pero sí sería conveniente recordar –a presuntos docentes, catequistas, letristas- algunas cosas ¿aprendidas? en los viejos catecismos:
Contra odio “contra ira, paciencia”
Y “contra envidia, caridad”.
Y, para evitar que “te metan un puro”…seguir “comiendo pipas”…¡quillo pisha!




Luis J. Suárez Alvarez
DNI 31062170
Cádiz.

En San Fernando

Recuerdo del almuerzo del jueves pasado en San Fernando CON SALUDOS a los compañeros. Abrazos.











sábado, 24 de septiembre de 2016

Miguel Mougan

 Hoy sábado dedican  un homenaje al padre  Miguel Mougán al cumplir noventa años,  la Parroquia de San Francisco Javier y la HOAC Diocesana.  Con este motivo, nuestro compañero José Antonio Hernández hace este 

Homenaje al padre Miguel Mougán, al cumplir noventa años
José Antonio Hernández Guerrero
La comunidad parroquial de San Francisco Javier y la HOAC celebrarán este sábado a las siete de la tarde una eucaristía en acción de gracias por los noventa años que cumple Miguel Mougán, quien fue respectivamente su primer párroco y su consiliario diocesano. De esta manera quieren expresarle su amor, su gratitud y su respeto por su manera clara de explicar con sus palabras y con sus comportamientos los mensajes fundamentales del Evangelio.
Este sacerdote, como amigo y como hermano ha desarrollado su dilatada vida pastoral como profesor del Seminario, como párroco de Santiago de La Línea de la Concepción, de Nuestra Señora del Rosario, de San Francisco Javier y Santa Cruz de Cádiz, como arcipreste de la zona de las Puertas de Tierra y como consiliario de la H.O.A.C.; en todas estas "misiones" ha entregado su tiempo, sus energías, sus saberes y sus cosas generosamente, sin solicitar y sin esperar nada a cambio.
Apoyado en la solidez de una preparación teológica siempre actualizada y en la libertad de la pobreza, ha sabido que no se puede hablar de Dios a los pobres si no pasa con ellos los momentos duros. Siempre ha estado convencido de que su predicación sería una palabra hueca si él vivía mejor que los desheredados o si no corría los riesgos de los menesterosos. Su compromiso ha sido servir a los pobres siguiendo los senderos ásperos de la pobreza. Su radicalidad en los planteamientos pastorales -locura humana y lucidez evangélica-, la exigencia consigo mismo y su tolerancia con los demás siempre han tenido en cuenta el carácter revolucionario de la médula evangélica.
Entusiasta, apasionado y, a veces, soñador, lo hemos visto, en ocasiones, con los ojos escarchados por las lágrimas. Aunque es cierto que le atraen los riesgos de las aventuras, también es verdad que, meditativo y reflexivo, siempre ha buscado los momentos de calma y de sosiego, en los que el silencio humilde de la vida le ha permitido escuchar las llamadas de Jesús, su maestro, y las demandas de los hombres, sus hermanos. En contra de los planteamientos ideológicos totalitarios, de las doctrinas religiosas integristas y de los sistemas políticos excluyentes, Miguel Mougán ha demostrado la necesidad de emprender la urgente tarea de abrir sendas convergentes hacia una “familia común”, la obligación de levantar puentes de intercomunicación y de abrir espacios de entendimiento. Al celebrar con gozo su 90 cumpleaños, le agradecemos el eco de sus palabras medidas y la fuerza de su testimonio elocuente que resuenan en nuestras conciencias como testimonios y como llamadas permanentes para que aprendamos el sencillo arte de vivir juntos,  de lograr la supervivencia individual y la paz colectiva en este mundo violento y sectario en el que vivimos. Felicidades, querido padre Mougán.

viernes, 23 de septiembre de 2016

Paradojas




José Antonio Hernández Guerrero

Uno de los fenómenos sociales actuales más llamativos es el de la contradicción que se establece entre la teoría y la práctica, entre lo que pensamos, decimos y hacemos como, por ejemplo, entre la defensa de la moralidad y el aumento de la corrupción, entre el aplauso a las acciones desinteresadas y la obsesión por el dinero o entre la preocupación por los problemas sociales y el desinterés de las cuestiones políticas. Como consecuencia de esta extraña dualidad, el camino se ha convertido en meta; el medio, en fin; el instrumento, en objetivo. Fíjense cómo el laicismo convive con el fundamentalismo religioso y el puritanismo cohabita con la pérdida del sentido de la maldad. Nuestra  sociedad tecnificada y gélida predica la paz al mismo tiempo que aumentan las agresividades más recónditas; exalta las ideologías sublimes, mientras fomenta las prácticas alienantes; promete futuros paradisíacos, mientras se estanca en un presente desolador. El actual modelo de vida  nos está endureciendo de tal manera, que nos sentimos incapacitados para percibir nuestras graves y múltiples incoherencias.
Si, por ejemplo, examináramos las corrientes económicas predominantes, fácilmente podríamos llegar a la conclusión de que estamos manipulados hasta tal punto que aceptamos que somos meros medios de producción y no destinatarios directos de una mejora verdaderamente humana personal, familiar y social.
Muchos proyectos comerciales nos objetivan hasta tal punto a los clientes que, más que considerarnos como sujetos, nos transforman en simples objetos de consumo. La publicidad planifica, además de nuestro trabajo, nuestras vacaciones, nuestra libertad, nuestros amores y nuestras preferencias artísticas y culturales: nos impone la música, los vestidos, las comidas, las bebidas y hasta la manera de hablar.

Si pretendemos mantener nuestra independencia, no tendremos más remedio que aprender a caminar por la vida pausadamente pero siempre avanzando y siempre ascendiendo por este pluriverso de valores contradictorios donde nos movemos. Si pretendemos que nuestra vida sea humana, deberíamos  concebirla como el ascenso a una montaña, como un peregrinar incesante hacia unos objetivos razonables y hacia el destino de un bienestar humano. Reconociendo la dificultad de comprender el mundo y, dentro de éste, a nosotros mismos, hemos de fijar una meta, un destino, para ir, pacientemente, dando paso tras paso en esa dirección; pero, a condición de que la búsqueda de esta meta no implique la ausencia de aventura, sino que, por el contrario, encierre la posibilidad de riesgos y los asumamos con serenidad aceptando de antemano las inevitables dificultades.                                                                     

sábado, 17 de septiembre de 2016

San Bartolomé decapitado



En Ribaforada municipio agrícola del sur de Navarra al abrir hace unos días la iglesia nueva descubrieron que el patrón del pueblo, San Bartolomé, yacía estampado y decapitado frente al altar. El autor un chaval marroquí , Naufar, que lleva viviendo varios años en el pueblo trabajando en tareas agrícolas. Días antes había quemado las imágenes de las vírgenes del Rosario y Dolorosa de un pueblo cercano, Fontellas.

jueves, 15 de septiembre de 2016

Tocando y volviendo a tocar, siempre tocando hasta que encuentre la forma de que aparezcan las fotos de los enlaces primeros del blog,   AL FINAL LO HE TRASTOCADO. Otra vez tocado.
Se ha cambiado el diseño. Pero NO  PROBLEM.

Vamos a ver cómo me las apaño.
Hasta entonces, un abrazo

martes, 13 de septiembre de 2016

Encuentro

Aprovecho esta entrada 4.070 para comunicaros que el viernes y el sábado pasados estuvimos en Roche, en casa de Antonio Muñoz, disfrutando de nuestra presencia juntos, dejándonos envolver por el cariño y los pinos que nos estuvieron meciendo y acariciando todo el tiempo.
Gracias a todos.