lunes, 27 de marzo de 2017

El tiempo de las mujeres

 
José Antonio Hernández Guerrero

Aunque la historia de la humanidad y la experiencia personal de muchos de nosotros parecen confirmar lo contrario, en mi opinión -como ya adelanté hace varias semanas-, el tiempo es un factor más importante que el espacio para el logro de nuestro bienestar humano. La cantidad, la calidad y el ritmo del tiempo determinan, en gran medida, el nivel de felicidad posible y el grado de satisfacción personal. Pero, ¿cómo -me pregunta Juan- podemos ganar tiempo? Opino que la mejor manera de gastar el tiempo es comprando tiempo.

El Estado, las empresas y los clientes adquieren nuestro tiempo a cambio de dinero con el que la mayoría compramos independencia, espacios y objetos; pero no siempre ni todos advertimos que el mayor bien que podemos adquirir es el tiempo -el tiempo libre para dedicarlo a nosotros mismos o para donarlo a los demás, para pensar, para conversar, para escribir, para descansar, para disfrutar o para soñar-. El tiempo libre vale más que, por ejemplo, un campito en Chiclana, un nuevo automóvil o un televisor panorámico.

Es cierto que las estadísticas nos dicen que las mujeres están ocupando progresivamente mayores espacios públicos -laborales, políticos, culturales, artísticos y sindicales-, pero también es verdad que, en la mayoría de los casos, por el hecho de que, además, se encargan de las labores domésticas, del cuidado en exclusiva de los niños y de la atención a los enfermos y a los ancianos, el tiempo -su tiempo- se está reduciendo de forma peligrosa.

La solución de este problema grave radica en el nuevo reparto de las tareas y en la redistribución de las funciones domésticas. Mientras que los hombres no adquiramos plena conciencia de que el cuidado y el mantenimiento de los espacios domésticos y de las tareas familiares han de ser repartidos, el solo hecho de la irrupción femenina en el mercado laboral -aunque abra una vía de integración social y de liberación personal, aunque suponga un avance cualitativo- no garantiza por sí solo la igualdad real con los hombres. No hay dudas de que, para favorecer un mayor equilibrio entre las ocupaciones de los hombres y de las mujeres, se tendrá que avanzar considerablemente en la regulación de los horarios de trabajo e, incluso, en la redefinición de la productividad, pero, posiblemente, el escollo más difícil de sortear es el de la mentalidad de la mayoría de los hombres y, también, el del pensamiento de muchas mujeres sobre sus respectivos y tradicionales papeles en la familia y en la sociedad. Es necesario que, ante el actual panorama de “parejas biactivas”, se produzca un efectivo reparto de tareas y una nueva conciliación de deberes entre cada uno de los miembros de la unidad familiar.

Como afirma María Dolores Ramos Palomo, Catedrática de Historia Contemporánea de la Universidad de Málaga: “una persona que no es dueña de su tiempo, difícilmente puede ser dueña de su vida”. Me permito recomendarles el libro titulado “El tiempo de las mujeres”, cuya autora, Dominique Méda, dirige en la actualidad el gabinete de investigación del Ministerio de Trabajo francés. La editorial Narcea ha publicado una cuidada traducción.   

jueves, 23 de marzo de 2017

SUSANA GANA, ROCIO NI PÍO



Como el universo sabe, una sentencia en Sevilla siempre es una maravilla. El día de San Casimiro de este año del Señor, una jueza de Sevilla falló en pública audiencia que una gitana monilla con churumbeles colgados debía dejarle a Susana pronto su casa vacía. Y pagarle a la Justicia una multa cada día, pues según su señoría entró en casa de Susana siendo su casa vacía.

Casas y casas sin fin cual flores de primavera tiene sus llaves Susana que dice como han de ir jardineros a regar tantas plantas a cuidar. Jardineros son legión en AVRA organización dependientes de Susana quien diseña los parterres en un consejo sin fin de secretas decisiones que publica en boletín.

Rocio, gitana, sevillana, sin haber llave de casa pero si dos preciosos churumbeles que le piden donde ir, entró en casa de Susana que se hallaba en las 3000. Quedóse a vivir allí hasta que los jardineros de AVRA le vinieron a decir que de la flor de Susana con sus niños a juir.

Una jardinera fue a los guardias a advertir que una gitana muy mala sin hacer caso a Susana, con sus niños se quedaba en la casa que malamente ocupaba cuando vacía encontró . !Qué horror!.

Susana, que en AVRA manda un montón, puede por medios civiles recuperar su mansión, sin guardias ni señorías, sin multas ni coacción.
Más licenciada en derecho que lo es y con cientos de juristas a sus pies eligió la vía penal para obligar a Rocío, gitana de negros ojos y churumbeles igual, a dejar su casa libre por sentencia y multá. Y así tendrá antecedentes porque. no podrá pagar lo que la jueza avisada le ha condenado a abonar.

Rocio no tiene ná. Susana, Constitución y votos pa gobernar. Mano izquierda para hablar. No puede garantizar a Rocío donde habitar. Pero sí un juez que la multe, que la eche, que la arroje del lugar.

El Camborio, Federico, san Casimiro el polaco, la Pantoja, Lola Flores desde el cielo, vengan y vean la sentencia de Sevilla, toda una maravilla que Susana consiguió. !Qué dolor!.

Alberto Revuelta

ANÁLISIS DE LA PASIÓN DE CRISTO


Me envía Juan de Dios Regordán el siguiente estudio de la Pasión según San Juan, reelaborado por Ernesto Caldelas teniendo como base los  artículos  de Juan de Dios y el apoyo de las imágenes.

Como es largo, pinchando  AQUI , podemos acceder a la totalidad del estudio.






LA PASIÓN DE JESÚS VISTA POR ESCENAS. SEGÚN EL EVANGELIO DE SAN JUAN.
Palacio de Herodes en Cesárea Marítima.
Introducción.
1º: Ante Anás.
2º: Ante Pilato.
3º: Ante el Calvario.

4º: Epílogo: La sepultura en el huerto

martes, 21 de marzo de 2017

IN FLETU SOLATIUM OBSIDIONIS VIENNENSIS



Leo ataques y loas al señor Papa felizmente reinante. La Sra. Collins objeto de abusos sexuales de un sacerdote cuando era adolescente y miembro ahora por designación papal del órgano curial encargado de atender a las victimas de presbíteros pederastras, se ha ido dando un portazo, harta de las maniobras de algún importante dicasterio para burlar las tajantes normas de Benedicto y Francisco. Intento razonar en bárbara recordando el dicho romano de que quod non fecerunt barbari, fecerunt barbierini. La experiencia de los años de vida que son muchos, de ejercicio ministerial, de labor profesional como abogado, me hacen cauto. Una de las religiosas  más apreciadas en su país, la hermana Simone Campbell, norteamericana ha afirmado del tal dicasterio: "La Curia papal solo se preocupa del poder y de la imagen". Me alarma la baja calidad evangélica de muchos ataques al pontífice. Me asusta, por igual,  la estulta alabanza de todas las decisiones y ocurrencias del pontífice. Me molesta la papolatría bobalicona y me produce urticaria neuronal límbica el odio anti papal escondido de sedicentes creyentes en Jesús de Nazaret. Hay que leer sobre ese odio los artículos de Juan Manuel de Prada publicados en ABC los días 18, 20 y 27 del pasado febrero, donde afirma que el fariseísmo católico ha cerdeado (sic) en las últimas décadas con la "ideología derechosa" sobre todo.

Toda esta agresora marabunta de hormigas negras clericales y laicales por igual y la que precedió a la retirada estratégica de Benedicto XVI, así como la rotunda afirmación, por las mismas huestes, del catolicismo enhiesto del papa polaco que santa gloria haya, teatralizan, barrunto, el desplazamiento telúrico de las placas tectónicas sobre las que se construyó y sostuvo la Iglesia romana extendida por toda la tierra, en unos sitios más que en otros. Es la angustiada llamada de la misa "In fletu solatium obsidionis viennensis" compuesta por Johann Kaspar Kerll recordando por propia experiencia viva el horror y el pánico de tener al ejército otomano a las puertas de Viena el 14 de julio de 1683.

Opino que el señor Papa que sagazmente intenta llevar adelante la enorme, milenaria y poderosa Iglesia católica romana está haciéndolo como el padre jesuita del cuentecico: con las manos cruzadas en las mangas de su sotana al ser preguntado si alguien había pasado, contestó tocando sus brazos con sus manos, "por aquí no ha pasado". ¿Moral de situación?. A base de inteligentes silencios, de marchosas sonrisas, de ironías porteñas, de caricias a cuanto malherido se le acerca, y de petición de que laicos, clérigos y jerarcas institucionales somaticen la misericordia y la compasión como bastones y vehículos del camino este pontifex heredero también de Trajano y Marco Aurelio, amén de Pedro si es que llegó a Roma, trata de empujarnos adelante. Hace suyas las convicciones y vivencias de Youssef Bousnaya, monje sirio, muerto con más de cien años el 979, " La misericordia es la imagen de Dios, y el hombre compasivo es, en efecto, un Dios habitando en la tierra. De la misma manera que Dios es misericordioso para con todos, sin distinción alguna, igualmente el hombre compasivo hace llegar a todos sin distinción sus favores."



Alberto Revuelta

Las palabras vacías




José Antonio Hernández Guerrero
Incluso en nuestras conversaciones cotidianas podemos comprobar cómo las palabras son unos recipientes amplios que, como si fueran cocteleras transparentes, cada interlocutor, al pronunciarlas o al escucharlas, las llenan y las vacían permanentemente de diversos significados personales. El valor de las palabras depende, en gran medida, de la huella afectiva que le produce al que la emplea, al que la pronuncia o a que la escucha. Nuestras múltiples experiencias como hablantes y las diferentes circunstancias que concurren en nuestras vidas determinan que los objetos, los sucesos y las palabras se tiñan de colores, adquieran sabores y provoquen resonancias sentimentales que, no lo olvidemos, constituyen el fundamento más profundo de nuestros juicios, de nuestras actitudes y de nuestros comportamientos. Las palabras las vivimos o las malvivimos, nos nutren o nos enferman.
Las palabras poseen un fondo permanente, que es el que figura en los diccionarios, pero, además, se llenan de esos otros significados emocionales que son mucho más importantes y más poderosos. Son valores que los enriquecen o los empobrecen y los convierten en eficaces instrumentos de la construcción y de la destrucción del cada ser humano y de cada sociedad.
¿Qué sentidos tienen, por ejemplo, las  palabras “mar”, “río”, “montaña”, “valle”, “hombre”, “mujer”, “niño”, “anciano”, “amor” u “odio”? ¿No es cierto que las palabras, poseen unos sentidos diferentes que les damos los hablantes y los oyentes cuando establecemos la comunicación, cuando, integrándolas en la cadena de un discurso, las usamos como vehículos para transmitir nuestras ideas, nuestras sensaciones o nuestros sentimientos, como vínculos para unirnos, como látigos para agredir o como pistolas para matar? La palabra “mar” no significa lo mismo pronunciada por un pescador de Barbate, por un pasajero de un trasatlántico de lujo, por un cordobés que veranea en Conil de la Frontera o por un emigrante que atraviesa en patera el Estrecho de Gibraltar.
Los vocablos, efectivamente, no están completamente llenos hasta que los pronunciamos y los escuchamos. Es entonces cuando las palabras adquieren sustancia humana, calor vital y vibración emocional, de la misma manera que las cuerdas de una guitarra sólo expresan sensaciones, sólo transmiten sentimientos, cuando unos dedos maestros las acarician.

Pero también es verdad que algunas palabras pueden estar vacías, son las que carecen de contenido humano: no nos hieren, no nos envenenan ni nos matan, pero nos aburren, nos hastían y pueden hartarnos, enojarnos e irritarnos. Son canales de meras flatulencias que, quizás, desahogan a los que las emiten, pero nos aburren a quienes las escuchamos. Las palabras, para que sean humanas, han de estar vivas, han de latir y tener temperatura. Hablamos y escribimos con experiencias y con imágenes, más que con gramáticas y con diccionarios por muy importantes que éstos sean.

jueves, 16 de marzo de 2017

SOBRE ‘IGLESIA Y DEMOCRACIA’




Me ha parecido muy clarificador lo que ha escrito José Joaquín León sobre ‘Iglesia y Democracia’.
Es verdad lo que afirma: ‘En los años de la Transición la izquierda gaditana se nutrió, en una parte, del clero y los seminaristas’.
Aunque también es verdad  que, tanto la Gaditana como la Universal, está formada no sólo por clérigos, también por laicos.
Y que, seminaristas y curas, los ha habido, y sigue habiéndolos, antes y ahora, con diferentes y distintos obispos.
Y que a todos ,los excuras y exseminaristas que cita, los he conocido y han sido mis compañeros en su tiempo de estudiantes en Cádiz y Salamanca…
No estoy tan seguro, como Rafael , de que una decisión episcopal ‘fuese buena para ellos pero desastrosa para la diócesis’…
Si acaso, para el PSB (P.artido S.an B.artolomé, seminario de Cádiz).


                                                                                                     Luis Suárez.
31062170

Cádiz

EL PALILLERO


Iglesia y democracia
En los años de la Transición la izquierda gaditana se nutrió, en una parte, del clero y los seminaristas
16 Marzo, 2017 - 02:02h
Me ha gustado mucho esa foto de nuestro alcalde Kichi, el de Podemos, abrazando a Jesús Maeztu, el Defensor del Pueblo Andaluz. Con esa foto, y con la de la penitencia del Nazareno del año pasado, se nota que él no es tan rencoroso como Pablo Iglesias, ese hombre que tan poco honor hace a su apellido. Jesús Maeztu, en los años de la Transición, fue párroco en el Cerro del Moro, donde desarrolló una gran labor. Muchas personas no lo saben, o lo han olvidado (y a los jóvenes se lo cuentan manipulado), pero en los años de la Transición, la izquierda gaditana se nutrió, en una parte, del clero y de los seminaristas.
Cuando se habla caricaturescamente del papel de la Iglesia católica en el franquismo se suele vincular sólo con el nacional-catolicismo. A veces se olvida, con mala intención, que en la Transición fue importante la participación de muchos católicos españoles. Años en los que la ultraderecha escribía en las pintadas: "Tarancón al paredón". Pues Tarancón era el jefe de los obispos españoles. En Cádiz teníamos a Antonio Añoveros, un obispo al que algunos calificaron como próximo a ETA cuando lo destinaron a Bilbao. En aquellos tiempos, Juan XXIII fue un Papa como Francisco, pero con más salero. Y Pablo VI también, pero más soso.
En aquel Seminario diocesano cumplió una gran labor José Antonio Hernández Guerrero, que con el tiempo también se secularizó. Aunque no para dedicarse a la política, sino a la Universidad. A la política se dedicaron otros. Casi todos los curas y seminaristas de la época que tenían tendencias de izquierdas se afiliaron al PSOE. Entre ellos estaba Gregorio López, que fue concejal en la candidatura que encabezó Carlos Díaz en 1979. Julio Ramos, letrado de la Diputación en aquellos años, me recordaba que hubo siete diputados provinciales con pasado de seminaristas. Sólo les faltó formar un grupo propio.
En los primeros años 70, los seminaristas de Cádiz se iban a Salamanca a completar sus estudios. Uno de los que fue, Rafael Román, me dijo que aquella decisión había sido buena para ellos, pero desastrosa para la diócesis, porque bastantes se salieron, como él mismo. Para el PSOE (y esto lo añado yo), la operación de enviarlos a Salamanca fue espléndida. Ramón Vargas-Machuca se casó allí con una salmantina, Josefina Junquera, y se vino a Cádiz, donde ella también fue concejala socialista.

Guste o no a los ateos y a la izquierda ultra, la Iglesia es uno de los pilares sobre los que se construyó la democracia en España.

domingo, 12 de marzo de 2017

Una visita



Ya han pasado  dos semana desde que Andrés y Ana María fueron a Jerez para estar un rato agradable con Alfonso y su hermana. 
Los días han pasado y la memoria ha ido dejando atrás este momento. Pero no. Aparecen los  buenos detalles, se recuerda el cariño... y ¡zas! : aquí está la foto que recuerda este encuentro.

El tiempo ajeno




José Antonio Hernández Guerrero
¿Se han fijado ustedes –queridos amigos- la facilidad con la que, cuando un ciudadano cualquiera accede a un puesto de poder, por muy insignificante que sea, se siente capacitado para disponer del tiempo de los demás? Si,  por ejemplo, un director, un delegado o un concejal pretenden entrevistarse con usted para pedirle una colaboración, es posible que lo cite en su despacho a la una de la tarde y es probable, incluso, que él no comparezca o que lo haga media hora más tarde. Si usted, simplemente, le muestra su extrañeza, la “autoridad” se sorprenderá de que no comprenda que él tiene otros muchos asuntos más importantes que resolver. Este comportamiento constituye, a mi juicio, un serio desconocimiento del valor del tiempo de los otros, una grave irresponsabilidad y, sobre todo, una permanente fuente de tropiezos y de desencuentros. Algunos despistados aún no se han dado cuenta de que, si, tradicionalmente, el objeto de las luchas eran los espacios, en la actualidad, la mayoría de los conflictos familiares, sociales y políticos tiene su origen en el empleo del tiempo, el capital más importantes de la vida humana.
Opino que, si aceptamos este principio, deberíamos redefinir varios de los conceptos referidos a la vida comunitaria como, por ejemplo, los de “convivencia”, “colaboración” y “dominio”. Desde esta perspectiva, podemos afirmar que convivir significa acompasar razonablemente el propio tiempo con los tiempos de los demás. La educación y la maduración humanas consistirán, en consecuencia, en desarrollar esta destreza, sobre todo, cuando pretendemos ofrecer hospitalidad o solicitar colaboración. La hospitalidad y la colaboración son dos cuestiones estrechamente vinculadas al respeto del tiempo de los demás; más, incluso, que al respeto de sus espacios y de sus objetos.

Los que pretenden llegar a acuerdos de colaboración, ofrecer servicios y pedir ayudas a otros han de tener muy claro que, de la misma manera que los rasgos físicos y los caracteres psíquicos son diferentes -todos ellos respetables- cada uno de nosotros posee su propia medida del tiempo que, en la mayoría de los casos, no coincide con el de los demás. Por eso los que cambian nuestra velocidad particular, los que adelantan o retrasan el ritmo de nuestras vidas nos resultan molestos e inoportunos. La convivencia y la colaboración se hacen difíciles entre quienes se interponen múltiples disonancias temporales. Nos suenan ya a tópicas las discusiones entre los miembros de una pareja que, por ejemplo, poseen diferentes temperaturas, pero mucho más incómodo es convivir con quien es más lento o más rápido, con quienes habitan una temporalidad que nos resulta extraña o nos parece impropia. En la actualidad, hemos de demostrar el respeto a las otras personas -sea cual sea su categoría profesional o social- mediante el ejercicio de las virtudes temporales como la paciencia, la sincronía y la puntualidad. Imponer nuestros tiempos a los demás es, no sólo una falta de respeto, sino también un modo de despreciar, de aprovecharse o de jugar con sus patrimonios más valiosos.

sábado, 11 de marzo de 2017

GRAN GALLOFADA DE PEPES DECIMONÓNICOS



Después de repasar la ‘Gallofa gallinácea en pepi-toria’ del pasado año. Y una vez atendidas las amables correcciones y añadiduras del amigo Miguel, me dispongo a elaborar un nuevo listado `decimonónico’ , en memoria y felicitación, de todos aquéllos con quienes compartimos ‘Compañía’. Y que fueron bautizados con el honroso nombre (sólo o compuesto) del ‘`Patriarca Señó San José’.
(Se ruega, comuniquen y comenten, posibles y muy probables, errores y omisiones).
¡Ahí voy con la gallofa! Y con la lista, más o menos alfabética, por apellidos:
José Miguel Abad, José María Alcedo Ternero, Pepe Arana Ortega, Pepe (José Rodrigo) Barja Bocanegra,  José María Barreiro Barragán Rosón Rosano, José María Benítez Duarte, José Antonio (Pepe) Carmona Brea, Pepe Casal Carrillo, José María Delgado Romero,  José María Durán, José Luis Galindo, José Manuel García Gómez,  José Gil Torres,  Pepe Ramón Guerrero Amaya, José Antonio (Pepe) Hernández Guerrero, , Pepe López Aleu, José Antonio López Castillo, José Montesinos Abellán,  José Carlos Muñoz García, , Pepe Neira, Pepe Nuñez, José María Ortega  Romero,  Pepe Paul Cubiella, José Luis Pérez Ruiz, José Francisco Piñero Serván,  Pepe Rodríguez Pimentel, José María Rodriguez Torres, José Sánchez Fernández, José Sánchez Ortega, José (Padre Pepito) Serrano Hidalgo, José Luis Sibón Galindo, José Tomás Tocino González, José Miguel Vicente Pecino, José María Vinardell Crespo, José Vitini Díez, José Vizo Méndez…


                                                                                                 Luis Suárez, ingenuo.

lunes, 6 de marzo de 2017

Tradiciones




José Antonio Hernández Guerrero

Aunque es cierto que las tradiciones pueden ser legados valiosos, herencias dignas de ser conservadas, respetadas y veneradas por la posteridad; y aunque también es verdad que, a veces, resultan instrumentos claves para interpretar el sentido de nuestra cultura actual, no siempre podemos afirmar que, por el simple hecho de que unos objetos los hayan usado nuestros antepasados, sigan siendo útiles en la actualidad, o que unas creencias, por la razón de que hayan sido veneradas por nuestros mayores, constituyan valores supremos o principios inamovibles.
El hecho de que una costumbre se remonte a “toda la vida de Dios” o de que la siga practicando “todo el mundo”, no demuestra por sí sola que deba ser respetada ni conservada. Todos los adultos tenemos experiencias de que algunos instrumentos o algunas pautas, consideradas durante largos siglos como creencias inquebrantables o como normas inalterables, se han desvanecido cuando ha cambiado el contexto sociológico o se han alterado las condiciones económicas. Fíjense cómo, a pesar de la resistencia de los inmovilistas, se han perdido los velos en las iglesias, las capas en las fiestas de sociedad, las sotanas de los curas, los cerquillos en los frailes, el soplador en la cocina, el quinqué en el comedor o la peinadora en la alcoba; ya los médicos no recetan el aceite de ricino para los empachos ni el de hígado de bacalao para engordar. Algunos de estos objetos sólo quedan como decoraciones de paradores o como reliquias nostálgicas que nos recuerdan que los tiempos pasados no fueron mejores para la mayoría de los humanos.     
Pero, además, también sabemos que una serie de usos tradicionales como, por ejemplo, la clitoridectomía -la ablación o extirpación del clítoris- y otros usos destinados a eliminar, a reducir y a controlar la sexualidad de la mujer, son inmorales, inhumanos y, por lo tanto, “dignos” de ser eliminados. Esta práctica, a pesar de que constituye un hábito que se remonta a la más arcaica antigüedad y aunque se practica en más de veinte países africanos, a pesar de ser una tradición atávica, es una superstición que, mezclada con prejuicios culturales y con convicciones religiosas, debe ser considerada como brutal agresión a los derechos humanos.

Para defender este ataque a la dignidad de la mujer como ser humano o para explicar esta mutilación corporal que tan graves consecuencias físicas y psicológicas arrastran, no podemos esgrimir el argumento histórico de que es un rito que se practicaba en el Egipto de los faraones ni aducir la prueba sociológica de que en el mundo son  más de 120 millones las mujeres mutiladas genitalmente. Los hechos sociológicos y los hábitos culturales no constituyen razones válidas para aceptar comportamientos inhumanos ni tratos vejatorios. Las prácticas antiguas y los usos tradicionales no siempre son valiosos sino que, a veces, son, simplemente, viejos, perniciosos y despreciables.

domingo, 5 de marzo de 2017

En Santa Gadea ...

En Santa Gadea de Burgos, do juran los hijosdalgos allí tomó juramento el Cid al rey castellano, sobre un cerrojo de hierro y una ballesta de palo.

Muchos años después.














Muchos años después... En la Catedral de Cadiz y ante su Obispo Rafael

Un grupo de Canónigos elegidos hace un mes, juraron su cargo sobre la Cruz de los Juramentos.