domingo, 19 de febrero de 2017

Despedirse




José Antonio Hernández Guerrero
Por lo visto y por lo oído, despedirse a tiempo es una destreza extraña y un proceder poco común. Y es que, en contra de lo que se suele afirmar, “mandarlo todo al diablo, a paseo o al quinto cuerno” y “dar un portazo”, más que un gesto de cobardía puede ser una prueba de valor.
La decisión de “dimitir” exige, en la mayoría de los casos, lucidez, libertad de espíritu, valentía y, a veces paradójicamente, ser fiel a los compromisos básicos y, sobre todo, a la propia conciencia. Se requieren muchas dosis de atrevimiento para romper con todo, para huir de las esclavitudes y para escapar al vacío. Por eso nos sorprenden gratamente las decisiones de los hombres y de las mujeres que dejan cargos importantes de la vida política, social, económica o religiosa tras hacer una serena reflexión.
La mayoría de la gente -me comenta Pepe- fija con precisión la hora del comienzo de sus actividades, pero no calculan el momento de la terminación. Algunos psicólogos achacan esta indecisión a una inseguridad vital que se manifiesta en timidez, en bloqueo, en torpeza de expresión, en miedo a quedarse solo o, incluso, en falta de imaginación. ¿Será eso lo que les ocurre a los políticos carismáticos, a los conferenciantes insufribles y a las visitas pesadas?  A mí me asustan, sobre todo, los que dan razones éticas para no despedirse. Creo que son más peligrosos aquellos que se agarran a la poltrona por un deber de conciencia, por la fidelidad a la llamada de Dios o por la lealtad a los líderes: por responder a la vocación sobrenatural o por obedecer a llamada de la patria.

Estoy convencido de que, para renovar la vida de los grupos humanos, todavía más necesario que reinventar nuevas fórmulas o establecer principios diferentes es preciso cambiar los rostros de los dirigentes. Si es verdad que la experiencia es un capital que hemos de saber rentabilizar, también es cierto que los problemas nuevos requieren soluciones inéditas y manos diferentes. Los gobernantes se cansan o, lo que es peor, se acostumbran a mandar, pero los súbditos se saturan y se empachan cuando durante mucho tiempo están viendo las mismas caras.  Hemos de reconocer que estamos mejor dispuestos y educados para decir que sí que para decir que no; para empezar que para terminar, para aceptar los cargos que para presentar la dimisión. José Carlos se pone más trascendente y afirma que, en nuestra cultura occidental, no nos han educado a bien morir. Probablemente tendremos que hacer como Lola cuando ponía la escoba bocarriba detrás de la puerta para así conseguir que María se despidiera en sus largas visitas.    

INMORTALIDAD


Inmortalidad no me planteo
ahora tengo lo que deseo:
estar aquí en este momento
no sé si será superior a lo que espero
que no es mucho:
un suspiro
que viene y va como un velero
perdido en alta mar
en busca de un encuentro.

Andrés Baquero


jueves, 16 de febrero de 2017

Apertura del año centenario de la fundación del Rebaño de María

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José Antonio Hernández Guerrero
En mi opinión, una de las instituciones más gaditanas, más evangélicas y más actuales es el Rebaño de María, ese grupo de mujeres buenas que, precisamente por la sencillez de sus planteamientos religiosos, encaran la vida mezclando, con habilidad, unas elevadas dosis de sensibilidad, de cordialidad, de sentido común y, sobre todo, poniendo mucho corazón. Ellas están convencidas de que la tarea fundamental de sus vidas personales es la vida de los demás, sobre todo, las vidas de los que peor lo pasan. La fe para ellas no es una lista de preguntas y de respuestas que hemos de recitar de memoria, ni la vida religiosa una tarea profesional, sino una dimensión que atraviesa todas sus vidas, que ensancha sus espacios y que alarga sus tiempos.
No es extraño, por lo tanto, que en sus clases o en las reuniones con las antiguas alumnas y con los padres de familia, sin necesidad de acudir a consejos ñoños, a sermones edulcorados, a pláticas empalagosas, a mojigaterías ni a moralinas, insistan tanto en la necesidad de una formación equilibrada que cultive el pensamiento racional, el comportamiento moral, la solidaridad y la “razón cordial”, ese principio tan bien explicado por el Papa Francisco según el cual "la compasión es el motor que proporciona fundamento y sentido a la justicia”. Ellas no olvidan que el amor es la justificación más razonable y más cristiana de la vida humana. Por eso, además de conocimientos, proporcionan consuelo y esperanza, sentido y cariño, esos bienes gratuitos que nacen en las fibras más íntimas del corazón.
Con sus actitudes y con sus comportamientos nos demuestran que muchos de los problemas de las familias se solucionan estando muy atentas a la vida práctica de sus hijos, atendiendo a sus asuntos sin turbarse, situándose en su mismo terreno y participando de sus mismas preocupaciones. Estoy convencido, sin embargo, de que, en el fondo más íntimo de esa manera tan lúcida, tan desenfadada y tan espontánea de encarar la vida, late su convicción de que la mejor forma de resolver los problemas es aplicando las pautas elementales del Evangelio.  

El pasado día 19 de noviembre celebraron la apertura del año centenario de su fundación en Cádiz por María de la Encarnación Carrasco Tenorio, una mujer que, soñadora, sencilla, extrovertida, despierta y atenta, encaró la vida con la paciencia, con la ilusión, con la ingenuidad y con la valentía de las personas enamoradas de Jesús de Nazaret. En su aventura la acompañó Francisco de Asís Medina Muñoz, un sacerdote carente de los humos de la vanidad y vacío de la fiebre de las ambiciones. Felicidades, hermanas.

miércoles, 15 de febrero de 2017

El Obispo EREtico




El área de delitos contra el Patrimonio de la Unidad Orgánica de Policía Judicial de la Comandancia de la Guardia Civil de Algeciras (Cádiz) ha solicitado imputar en el caso de los expedientes de regulación de empleo (ERE) fraudulentos al obispo emérito de Cádiz y Ceuta, Antonio Ceballos, a cuenta de un presunto delito de tráfico de influencias en relación a una ayuda sociolaboral de 300.000 euros otorgada en 2009 al Centro Geriátrico del Obispado de Cádiz. El atestado que ya tiene en su poder el Juzgado número seis de instrucción de Sevilla  señala directamente al obispo emérito de Cádiz, de 81 años. Los hechos se remontan al año 2007, la intervención del prelado ocurrió en 2008 y la concesión de la subvención se produjo en 2009 y se destinaba por la Administración autonómica a ampliar las ayudas a los 50 trabajadores de una institución propiedad del Obispado.

La que tiene competencia para imputar es la jueza titular del de Instrucción 6 de Sevilla, no la Guardia civil. Técnicamente no existe ya el concepto procesal jurídico de imputado, sino que ha sido sustituido por el de investigado. La jueza a la vista del material indiciario de carácter criminal que contenga el atestado policial puede decidir investigar ya en sede judicial el obispo emérito. Y tras esa investigación puede, o no, dictar auto de apertura de juicio oral que sería presidido por otro magistrado de un juzgado penal o por tres magistrados de una sección de la audiencia provincial, dependiendo de la pena que conllevara el delito.

Queda pues un largo camino para concluir las actuaciones en manos de la señora jueza de instrucción. Esas actuaciones puede concluir con el archivo libre, con el archivo provisional o con la apertura de juicio oral. Me parece necesario recordar que la actuación del obispo diocesano en aquellos años era gestión de bienes materiales y de euros puros y duros. Nada contemplativo, oracional, litúrgico o santificador. Por eso ha hecho pesquisas la Guardia civil. Las otras dedicaciones pastorales o santificadores del oficio episcopal corresponden a otro orden. Se cuestiona la gestión de bienes materiales y presupuestarios llevada a cabo por el prelado diocesano. Como las de los presidentes Chaves y Griñán et reliquia hasta 220 investigados.

Quizá ahora quienes se han dedicado a fustigar a los responsables políticos y administrativos de los ERE podrán encontrar el silencio y la cordura suficientes para comprender la complejidad de unos condicionamientos sociales, laborales, legales y judiciales, ¡ojo, y políticos!, no siempre merecedores de reproche penal y, menos aún, ético (sea civil o evangélica esa moral).

José Antonio Hernández ha animado a celebrar cumplidamente la pluricentenaria erección  de nuestra diócesis. Lo que no esperábamos es que podría surgir esta situación que afecta al obispo emérito y a la curia episcopal continuadora de aquella administración. Los caminos de Nuestro Señor siguen siendo inescrutables.

Alberto Revuelta

martes, 14 de febrero de 2017

Antonio González me envía la siguiente nota: 

 "El próximo día 24 se cumple el 50 aniversario del fallecimiento del Padre Francisco González Metola. Con tal motivo el Cabildo Catedralicio, ha acordado celebrar una Misa en su memoria para el sábado día 25 en La Oliva a las 12,00 H. y a continuación la presentación del libreto de su vida y obra.
Le agradeceré se sirva dar difusión a estos actos, quedando invitados todos los que deseen asistir." 

domingo, 12 de febrero de 2017

Sufrimiento




José Antonio Hernández Guerrero
Estoy sorprendido por las interesantes preguntas y por las sugerentes cuestiones que los lectores me han propuesto al hilo de las ideas vertidas en el artículo sobre la existencia del bienestar. Como es natural, muchas de las opiniones no coinciden con mis planteamientos, de la misma manera que las experiencias en las que aquéllas se apoyan son diferentes e, incluso, opuestas a las mías. No caeré en la pretensión -errónea e inútil- de defender con argumentos una convicción basada, como ya indiqué, en mi experiencia personal sólo válida para mí y para aquellos que la hayan vivido de manera análoga.  
Aprovecho, sin embargo, la oportunidad para aclarar algunas confusiones  que en varios comentarios sobre los obstáculos del bienestar se repiten en las cartas que he recibido. Hemos de reconocer que las enfermedades, los dolores y los sufrimientos -aunque sean realidades humanas estrechamente relacionadas- nos son manifestaciones idénticas.  
Las enfermedades son afecciones comunes a todos los seres vivientes -a las plantas, a los animales y a los humanos-; son unos avisos que, amenazadores, nos anuncian la muerte; son las advertencias que, insistentes, nos recuerdan que somos débiles frente a la fuerza agresora de la naturaleza, y son unos síntomas que, claramente, nos revelan que llevamos encerrados en el interior de nuestras entrañas los enemigos de nuestra propia supervivencia. Los dolores los padecemos todos y sólo los seres animados –no las plantas- y constituyen llamadas de atención de mal funcionamiento de las piezas de nuestro complejo organismo; son las alertas que se encienden para comunicar el fallo de algún órgano; son las señales que nos alertan de que algún mecanismo corporal está estropeado.

Los sufrimientos, en el sentido estricto, son propiedades peculiares de los seres humanos; son ambivalentes prerrogativas que nos distinguen de los demás vivientes y nos afligen a los seres humanos; son las resonancias negativas, los ecos profundos –racionales e irracionales- de los dolores físicos, de las agresiones psicológicas o de los ataques morales: los dolores atacan el cuerpo y los sufrimientos hieren el alma.  El sufrimiento es una operación de la mente que interpreta el dolor y mide sus dimensiones; es una reacción de la conciencia a los estímulos desagradables; es una respuesta humana en la que interviene de manera directa la inteligencia, la imaginación y, sobre todo, la emotividad. Pero el sufrimiento es, además, una de las vías más seguras y directas para penetrar en el fondo secreto de las realidades humanas, una clave segura para conocer el sentido profundo de los sucesos. Baudelaire, con vigor, con entusiasmo y con hondura, nos dice que la verdad reside en el sufrimiento, en el dolor que es la nobleza más ilustre: la única aristocracia de este mundo, que completa y humaniza turbadoramente la visión de las cosas.

LA IMPORTANCIA DE SABERSE NO SER NADIE


Posiblemente en el fondo de nuestro yo perdura la idea de permanecer, de ser recordado por generaciones posteriores.

Los faraones lo intentaron y son famosos, de alguna manera, en nuestros días quizás solo para expertos e interesados en ese tema. El resto de los mortales los contemplamos en los museos y pensamos que es sorprendente que esas momias hayan llegado hasta hoy, y poco más.

Aproximándonos a lo más cercano, a nuestro tiempo, en la ciudad que vivimos nos encontramos con innumerables calles con nombres que en el pasado más o menos reciente fueron trascendentes para sus conciudadanos y probablemente si la denominación del lugar la hicieron en vida de la persona, él, sus familiares y amigos se alegraron y sintieron “un enorme subidón” del ego personal por ser el personaje o haberlo conocido, pero pasados unos cuantos años nadie se acordará.

Si le preguntamos a unos jovencitos por quién fue Adolfo Suárez cabe la probabilidad de que nos contesten que fue un jugador de fútbol, y si inquirimos por Puskas, se encogerán de hombros, y dirán que es una marca de tal o cuál producto.

No nos engañemos no somos nadie pasadas dos o tres generaciones. ¿Quién se acuerda de sus bisabuelos o incluso de sus abuelos si no los conocieron?

Las fotos familiares de nuestros ancestros que conservamos no son nada para nuestros hijos por mucho que le expliquemos quienes fueron.

Esta es la importancia de tener asumido el saber que no somos nadie y que no estaremos presente en la posteridad a pesar de haber escrito un libro, plantado un árbol o tenido un hijo porque el tiempo, inexorable manto, nos cubre a todos por muy significativos que seamos, y nos deja en nada por más que se esfuercen en recordarnos.

Andrés Baquero
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viernes, 10 de febrero de 2017

¿ Seguridad o libertad?


Me niego a aceptar el dilema “Seguridad o Libertad”. Sí. No solamente me niego a aceptar este interesado sofisma, como si fueran realidades o valores contrapuestos, de modo que haya que sufrir la inseguridad para gozar un poco de la libertad, o haya que sacrificar la pasión por la libertad si se quiere gozar de una situación aceptable de seguridad, sino que me atrevo a afirmar que Seguridad y Libertad van de la mano y son inseparables. Así como la dictadura es la forma de gobierno en la que se pierde la libertad y la seguridad, Democracia es –debería ser-, la garantía de la seguridad en la libertad.

Sí, cuando nos asustan con poner en peligro la integridad de la libertad si reclamamos la cuota necesaria de seguridad, nos están engañando quienes en realidad están interesados en recortar cada vez más nuestra libertad. La vía libre que tienen quienes atentan contra nuestra seguridad y tranquilidad, es el freno que utilizan quienes están interesados en que no ejerzamos nuestras libertades. Son los mismos que siempre han llevado a la desesperación a los amantes de la seguridad, como elemento necesario para poder disfrutar de la verdadera libertad, y así justificar todos los golpes sucios contra la libertad, disfrazándolos de salvación, de reconstrucción del orden y la seguridad. Es decir, dejando que gane terreno la inseguridad y el desorden, consiguen su verdadero objetivo que es: limitar, recortar, asfixiar la libertad. Le hacen el juego “ciertos políticos” aparentemente defensores de la libertad, que manifiestan sus temores, cuando se exige más honradez profesional a los agentes del orden público para aplicar las leyes que protegen el orden, el respeto a nuestros derechos, frente a quienes nos gritan, con los hechos, diariamente que “la calle es de ellos”. Ante la puesta en práctica de las leyes que la democracia ha elaborado para nuestra seguridad como ciudadanos libres, no hay que temer que signifiquen recortes de la libertad para quienes atropellan y niegan con los hechos la seguridad de los demás. Sí deben estar vigilantes, no sólo los políticos, sino todos los ciudadanos, para que los agentes del orden público se limiten a cumplir y aplicar con honradez profesional, las leyes de las que ellos son meros servidores. Da la impresión de que una policía escrupulosa en el cumplimiento de su deber, protectora del ciudadano que exige sus derechos frente a quienes lo atropellan, sería sospechosa de “fascista”. Parece que la imagen del policía democrático se debería limitar a pedir, por favor, casi con complejo y pidiendo perdón, que dejen de romper lámparas del alumbrado público, o de hacer ruidos estridentes u ocupar plazas públicas, impidiendo el disfrute de ellas a los demás. Hay unas leyes que deben aplicar con honestidad y sin complejos. En esto se  diferencia la democracia de la dictadura. La imagen del policía de la dictadura no es la del fiel y severo ejecutor de las leyes.

  Con frecuencia, en el régimen autoritario, el policía se convertía en la ley. Él, no siempre reprimía o aplicaba la ley al verdadero delincuente, sino que uno era considerado delincuente dependiendo, a veces, de su voluntad. Esto hacía que los hombres que de verdad amaban la libertad, y reivindicaban el respeto a los derechos humanos y libertades democráticas, vivían sin seguridad.
No es verdad que dictadura sea igual a seguridad con recorte de libertad. Muchos de nuestros políticos, teóricos de la democracia, que aceptan el falso dilema: “libertad o seguridad”, sintiendo complejo de defender la seguridad, como si ésta fuera una nota sospechosa de dictadura, tendrían que haber experimentado en su carne las consecuencias de la inseguridad en un régimen autoritario: sabrían lo que es la amenaza, a la integridad física, recibida por teléfono o por carta, el secuestro de la correspondencia, control del teléfono, la negación de pasaporte, las calumnias más vejatorias...
Por esto reivindico, sin complejos, la seguridad como compañera inseparable de la libertad y como seña de identidad de la verdadera democracia que no puede aceptar el menor recorte de los derechos civiles so pretexto de salvar la seguridad.
Sanlúcar de Barrameda
Manuel Gaitero Rosado D.N.I. 31.448.252

martes, 7 de febrero de 2017

CURAS Y CANÓNIGOS



Por mi edad, creo conocer a la mayoría de los curas de Cádiz. Al menos a los que han sido, y siguen siéndolo, mis compañeros y amigos desde el seminario de la calle Compañía.
Quizás menos a los más jóvenes o a los que han venido de otros lugares.
Pero sé que todos viven con entrega y generosidad su vocación de ministros, servidores, en diferentes y sucesivos sitios o “en el mismo lugar y con la misma gente”.
Creo que ni a ellos ni a mí les gusta el tratamiento que ofrece cierta prensa  sobre algunos aspectos del funcionamiento y organización de esta Iglesia Local.
Así, por ejemplo, cuando se describe a la misma tal como a una empresa, administración o ejército.
Y se emplean términos como “cúpula, altos cargos, ejecutivos, escalafón jerárquico, staff…”
Hace tiempo, por ejemplo, pude leer en algún periódico:
“El cabildo, los canónigos, son un auténtico ‘Senado’ del obispo, designando al ‘Gobernador’ de la diócesis…”
“Tienen reconocidos honores de Capitán General desde Felipe V”
“Los  canónigos juran sobre la Cruz de los Juramentos, la empuñadura de la espada de Alfonso X”.
Flaco favor hacen estas ‘noticias’  a curas, canónigos y otros ‘humildes servidores’.
Bueno, pues ahora me entero de que el ‘Director Deportivo’ del Cabildo ha decidido reforzar el equipo con algunos ‘fichajes’  en el ‘mercado de invierno’. Entre ellos dos de mis mejores amigos y compañeros. No soy tan ingenuo como para ignorar que, como en cualquier colectivo, hay una minoría de ‘trepas’ y aficionados al boato, a vestimentas ampulosas, a honores, títulos, tratamientos, a ‘oficios y beneficios’, a prebendas y ‘canonjías’. Y que no es el caso de Susi (el Tuli) y  Antoñín. Que saben lo del Papa Francisco: En la Iglesia quien pretenda trepar que haga alpinismo’. Y lo del Maestro: ‘No he venido a ser servido, sino a servir’. Y que, pequeños de estatura física (que no moral), tienen más fácil la humildad por vivir más a ras de humus, de tierra.
Cuando el próximo –como cada jueves comamos juntos- seguro que pedimos una ‘ensalada de canónigos’.

                                                                                                    Luis J. Suárez Alvarez
                                                                                                    DNI 31062170

                                                                                                    Cádiz.

domingo, 5 de febrero de 2017

CORBATAS



He leído, últimamente, muchas cosas sobre Trump.
Lo que más me ha gustado es lo que escribe mi ‘admirado articulista’. No entra en cuestiones de alta ni baja política. Ni tan siquiera en ‘ética política’,  sólo de estética.
Dice que no le gusta que, el tal mandatario, tenga nombre de pato, de  Pato Donald.
Ni lo de la corbata.
Que a Juanito Valderrama, de niño, lo vistió su padre como a ‘El  niño pobre’ del romance de Juan Ramón Jiménez ‘Le han puesto al niño un vestido/absurdo, loco, ridículo’ Trajecito con corbata. Y que de esa guisa lo llevó su padre a Pepe Marchena para que lo ‘promocionase’. Y que el Marchena –ante la negativa del padre para que lo colocase de plantilla en su Compañía-  sacó la cartera y le ofreció 25 pesetas  para que le comprase al niño una corbatita que no fuese ¡tan horrorosa!
Pues lo mismo.
Que Donald Trump, entre otras cosas, ‘necesita’ de alguien que le regale  100 dólares para que se quite esa corbata kilométrica (de uniforme del Banco de Santander) que le llega hasta las rodillas.
Y que, de paso, le aconseje que se abroche la chaqueta y el abrigo..
O sea, como al Kichi con su terno de Eutimio.



                                                                                   Luis J. Suárez Álvarez
                                                                                   DNI 31062170

                                                                                    Cádiz.                         

El bienestar




José Antonio Hernández Guerrero

Como tú me pides- querido amigo- te responderé a tu directa y urgente pregunta: ¿Existe el bienestar? Te contesto: sí.
Te aseguro que, en esta ocasión, no he pedido ayudas a teorías acreditadas ni a doctrinas probadas. Mi respuesta -inmediata, ingenua e irreflexiva- sólo se apoya en la experiencia personal: en la mía, en la tuya, en la nuestra. Traigo a la memoria algunos de esos momentos intensos en los que, extasiados, la hemos disfrutado y, también, recuerdo ese estado de ánimo permanente, ese bienestar razonable, inseguro y tenue que hemos alcanzado -eso sí- desarrollando unos esfuerzos ímprobos. Tú has podido comprobar cómo, apoyándonos mutuamente, es posible mantener los equilibrios inestables de la convivencia, prolongar los días huidizos y ahondar los fugaces minutos de nuestra corta existencia.
Tú -igual que yo- has gozado de esas chispas instantáneas, conmovedoras y fascinantes, que nos habían producido una simple mirada penetrante, un gesto complaciente, una suave caricia, una sosegada meditación, un encuentro afortunado, una compañía grata, un intenso silencio, la armoniosa cadencia de una melodía musical o, simplemente, la luz matizada de cualquier atardecer; tú -igual que yo- te has deleitado con esas partículas minúsculas, densas y sabrosas, que eran capaces de sazonar todas las fibras de nuestra existencia humana; tú -igual que yo- has saboreado los aromas sutiles, excitantes y sugestivos que han transformado nuestra visión de la vida.
Pero, también, tú tienes constancia probada de la posibilidad -de la urgente necesidad- de alcanzar el nivel aceptable de un bienestar durable. Para lograrlo, tú -igual que yo, limitación e historia- tienes que aceptar los estrechos límites de tus espacios, superar las arduas dificultades de tus tiempos, dominar a los feroces enemigos de tu identidad y pagar los altos costes del desánimo, de la indolencia o de la apatía: no tenemos más remedio que trabajar, luchar y sufrir.

El bienestar es una meta suprema y un objetivo irrenunciable que, tenaz y paradójicamente, hemos de perseguir y alcanzar mientras que, ansiosos, recorremos los caminos zigzagueantes de un mundo dislocado y mientras que, fatigados, subimos las empinadas sendas de un universo desarticulado. Ya sé que tú -igual que yo- abrigas la profunda convicción de que algunos tesoros humanos, los más valiosos, no pueden ser devaluados por el desgaste de la rutina, por el deterioro de las enfermedades ni, siquiera, por la decadencia de la senectud.